La década 2000-2010 ha sido una de las más prolíficas de toda la historia de la industria del cine, pero si hay un género que ha contribuido a ello es, sin lugar a dudas, el de acción/aventura. Puede que Hollywood esté perdiendo comba respecto a otros sectores más pujantes, como los videojuegos, pero todavía conserva olfato para captar audiencias cualquier edad, y para ello nada mejor que fidelizarlas a base de interminables sagas, ya sean de nuevo cuño (Harry Potter 1-6, Piratas del Caribe 1-3, El caso Bourne 1-3) o bien retomando ideas anteriores para “rematar” la faena (caso de Star Wars episodios II y III, Indiana Jones 4, James Bond 20-22 o Matrix 2 y 3).
No obstante, hablar de sagas en está década obliga a hacer una parada en uno de los fenómenos globales de mayor repercusión. Me refiero a la superlativa trilogía de El Señor de los Anillos, que ha revitalizado el género de la fantasía hasta auparla a un lugar que nunca tuvo anteriormente. Tanto por calidad visual como narrativa, el impacto de estas películas no es comparable a nada de lo visto anteriormente, y con toda justicia han pasado a formar parte de la historia del cine como uno de sus hitos más importantes.
De mucha menor calidad ha sido, sin duda, el fenómeno de los superhéroes, con cintas tan bochornosas como Spiderman (1-3, y amenazan con la cuarta), Superman Returns, el Increíble Hulk y alguna que otra salvedad, como las más dignas X-Men 1 y 2 (la 3 casi mejor olvidarla).
Un caso muy especial, dentro de las aventuras en mallas ha sido el de una de las renovaciones más sorprendentes (para bien) de la historia: la nueva saga de Batman creada por Christopher Nolan (Batman Begins y The Dark Knight), que ha hecho resurgir de sus cenizas a un personaje que todos creíamos defenestrado. The Dark Knight es, sencillamente, una de las mejores películas de la historia del cine, una obra maestra que rezuma talento, creatividad y calidad por los cuatro costados. Lástima que no cunda el ejemplo.
Por último, a este tipo de sagas se sumó el renacer de la épica de corte pseudo-histórico, que con más pena que gloria ha ido apareciendo a lo largo de estos diez años (Gladiador, Troya, Alejandro Magno, El Reino de los Cielos, El Rey Arturo, etc…). Por su torpeza, anacronismo y descaro palomitero, la mayor parte de estas cintas demostró, de forma inapelable, que a algunos muertos era mejor haberlos dejado en sus tumbas.
Todo ello conforma, en suma, un panorama bastante homogéneo y aburrido, de un excesivo continuismo, donde la idea brilla por su ausencia y la maquinaria comercial se limita a repetir sin más fórmulas de éxito garantizado. Es una espiral que nos lleva a películas sin identidad aún peores que sus ya de por sí innecesarias precuelas, con historias forzadas hasta el delirio, efectos visuales de mercadillo y unos diálogos sencillamente lamentables.
No me entiendan mal: la comercialidad no está reñida con la calidad, o no debería estarlo. Por ello sería muy de agradecer que los productores tomasen nota del soberano hastío que provocan ya los magos con acné, piratas de medio pelo y becerros espaciales en el respetable, y tratasen de explorar nuevos caminos y fórmulas diferentes, porque salvando honrosas excepciones, como la magistral trilogía de Jason Bourne, el nuevo concepto de Batman o los elfos de Peter Jackson, la calidad general de muchas de estas y otras cintas aventureras es altamente cuestionable (por no decir penosa: ¿recuerdan la nevera nuclear de Indiana Jones 4? Porque aquello era para llorar, y no precisamente de risa).
Nacho
1 Comentarios:
yo ya he votado! ahora a esperar a ver si ganan los mios jijiji ahora tendrías que hacer los premios limón de la urjc!xD
Publicar un comentario en la entrada