
Al igual que ocurría con el género de la comedia, el de terror se enfrenta al siempre desafiante reto de mantener en tensión al espectador (en este caso, para mal), y eso provoca argumentos forzados y situaciones poco menos que inverosímiles en la mayoría de los casos.
En esta última década, aberraciones (en todos los sentidos) del tipo 30 días de oscuridad (2007), Freddy vs Jason (2003), Sesion 9 (2001), las abominables e infinitas Saw I-VI (2004-2009) o el lamentable remake de Viernes 13 (2009) han dejado bien patente la ausencia de imaginación y buen gusto propios de un género donde, muchos años después, parece que nadie es incapaz de desbancar del trono a mitos como Psicosis (1960), El exorcista (1973), Alien, el octavo pasajero (1979) o la célebre Carrie (1976), del incombustible Stephen King.
No obstante, y lejos de los flirteos descarados con el gore y los ríos de sangre artificial, existen ejemplos de buen cine de terror, incluso en una tierra tan proclive a la mediocridad como España. Ahí está nuestro primer candidato Aigolai, Los otros (2001), de Alejandro Amenábar, que se convirtió en uno de los grandes bombazos de la década gracias a una Nicole Kidman espléndida y a una historia narrada de un modo tan espeluznante como prodigioso. Si su atmósfera, su fotografía y su excelente banda sonora no son capaces de engancharte hazte un buen análisis, no sea que vayas a tener horchata en vez de sangre corriendo por las venas.
Bromas aparte, al amparo de esta cinta han surgido otras buenas cintas de terror, como El orfanato (J.A.Bayona, 2007) o las películas de Jaume Balagueró, que comenzó en 1999 con Los sin nombre a hacer un cine original y sólido que remató con la maravillosa Darkness (2002), la no tanto Frágiles (2005) y las más que exitosas REC I&II (2007-09).
Siguiendo la estela de influencias orientales que ha arrasado en todo el mundo (yo no pude ver más de un par de minutos de la china The Eye (2002), lo reconozco), nuestro segundo nominado es The ring (2002), notable remake del original japonés que conoció una secuela algo flojilla pero que ha influido poderosamente en la narrativa cinematográfica de terror de años posteriores. La historia de una cinta de vídeo con poderes sobrenaturales lleva de un lado a otro a la pobre Naomi Watts con el susto en el cuerpo y la prole en peligro permanente.
Por último, tenemos a M. Night Shyamalan y la que seguramente es su cinta más efectiva, Señales (2002), un taquillazo absoluto en todo el mundo que supuso el último éxito de Mel Gibson antes de dedicarse a hacer el memo en arameo y otras lenguas primitivas. La historia de un párroco que ha perdido la fe tras la muerte de su esposa y que se enfrenta a una invasión alienígena escalofriante (la escena del vídeo brasileño hizo saltar al cine entero) demostró una vez más la capacidad de Shyamalan para contar historias universales con un presupuesto ridículo. Los quince últimos minutos, que cuentan el ataque alienígena a la casa, son un derroche de genialidad, habilidad visual y perfecta compenetración con su compositor fetiche, un James Newton Howard en plena forma.
Sólo dos años después, Shyamalan demostraría haber superado las fronteras del género con esa obra sublime que es El bosque (2004), que al igual que ocurría con Olvídate de mí en el género de comedia queda fuera de nuestra lista de nominados por ser un híbrido inclasificable entre terror, drama, romance y alegoría social. (Nota final: qué lástima que, no se sabe si influido por el mesías Gibson, Shyamalan se dedicase luego a hacer barrabasadas acuáticas y florales con las desastrosas La joven del agua (2006) y El incidente (2008). Algún día dedicaremos una entrada a este misterioso e imparable declive).
Nacho









